Versos

La muerte de Saúl

1 Samuel 28:1-25, 30:1-13, ~4 mins

28 En aquellos días aconteció que los filisteos reunieron sus escuadrones de guerra para combatir contra Israel. Y Aquís dijo a David: ¡Ten bien entendido que tú y tus hombres saldrán conmigo a la batalla!

2 David respondió a Aquís: Muy bien. Sabrás lo que tu esclavo puede hacer. Así que Aquís dijo a David: Muy bien, te designaré mi guarda espalda por toda la vida. 3 Samuel había muerto. Todo Israel hizo lamentación por él y lo sepultaron en Ramá, su ciudad. Saúl había expulsado de la tierra a los encantadores y adivinos.

4 Los filisteos se reunieron y acamparon en Sunem. También Saúl reunió a todo Israel y acamparon en Gilboa. 5 Cuando Saúl vio el campamento de los filisteos tuvo temor y su corazón tembló muchísimo. 6 Entonces Saúl consultó a Yavé, pero Yavé no le respondió, ni por sueños, ni por urim, 28.6 Este urim no era el urim y tumim, que tenía el sacerdote en el efod, porque el único sacerdote que quedó, Abiatar, estaba con David y tenía el efod. ni por profetas. 7 Entonces Saúl dijo a sus esclavos: Búsquenme una mujer que sea bruja para que yo vaya a ella y consulte por medio de ella.

Y sus esclavos le respondieron: En Endor hay una mujer que es bruja.

8 Entonces Saúl se disfrazó, se vistió con otras ropas y salió con dos hombres. Llegaron a aquella mujer de noche y dijo: Te ruego que me hagas una práctica de brujería y me subas al que yo te nombre.

9 Y la mujer le contestó: Mira, tú sabes lo que Saúl hizo, cómo echó de la tierra a los evocadores y adivinos. ¿Por qué pones trampa a mi vida para producirme la muerte?

10 Entonces Saúl le juró por Yavé: ¡Vive Yavé que ningún castigo te vendrá por este asunto!

11 La mujer preguntó: ¿A quién te hago subir?

Y dijo: Hazme subir a Samuel.

12 Al ver a Samuel, la mujer clamó a gran voz.

La mujer habló a Saúl y dijo: 13 ¿Por qué me engañaste? ¡Tú eres Saúl!

Y el rey le dijo: No temas. ¿Qué miras? La mujer respondió a Saúl: Miro a un ʼElohim celestial que sube a la tierra.

14 Y le preguntó: ¿Cuál es su forma? Ella respondió: Sube un anciano cubierto con un manto.

Entonces Saúl entendió que era Samuel, inclinó el rostro a tierra y se postró.

15 Entonces Samuel preguntó a Saúl: ¿Por qué me perturbaste al hacerme subir?

Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y ʼElohim se apartó de mí. Ya no me responde, ni por profeta ni por sueños, por lo cual te llamé para que me reveles qué debo hacer.

16 Samuel dijo: Si Yavé se apartó de ti y es tu adversario, ¿por qué me preguntas a mí? 17 Yavé hizo como habló por medio de mí: Yavé quitó el reino de tu mano y lo dio a tu compañero David, 18 por cuanto no obedeciste la voz de Yavé, ni cumpliste el furor de su ira contra Amalec. Por eso Yavé te hace esto hoy. 19 Además, Yavé te entregará junto con Israel en manos de los filisteos, y mañana tú y tus hijos estarán conmigo. Ciertamente Yavé también entregará al ejército de Israel en manos de los filisteos.

20 Inmediatamente Saúl cayó en tierra, tan grande como era, por las palabras de Samuel. Quedó sin fuerzas, porque todo aquel día y aquella noche no comió.

21 Entonces la mujer fue a Saúl y al ver que estaba muy turbado, le dijo: Mira que tu esclava obedeció tu voz, arriesgué mi vida y escuché las palabras que me dijiste. 22 Te ruego que tú también atiendas la voz de tu esclava. Permíteme servirte un trozo de pan a fin de que comas, recuperes fuerzas y seguirás tu camino.

23 Pero él rehusó y dijo: No comeré. Entonces los esclavos de él le insistieron juntamente con la mujer, y él los escuchó.

Así que se levantó del piso y se sentó en la cama.

24 Y aquella mujer tenía en la casa un ternero engordado, el cual mató. Tomó harina, la amasó, coció panes sin levadura, 25 y los sirvió a Saúl y a sus esclavos. Después que comieron, se levantaron y salieron aquella misma noche.

30 Al tercer día, cuando David y sus hombres llegaron a Siclag, aconteció que los amalecitas habían incursionado en el Neguev contra Siclag, y lo asolaron e incendiaron. 2 También tomaron cautivas a las mujeres y a todos los que estaban allí, grandes y pequeños. Pero a nadie mataron, sino se los llevaron al proseguir su camino.

3 Cuando David y sus hombres llegaron a la ciudad, ahí estaba quemada, y sus esposas, hijos e hijas fueron llevados cautivos. 4 Entonces David y la gente que estaba con él alzaron su voz y lloraron hasta cuando no les quedaron más fuerzas para llorar. 5 También fueron tomadas cautivas las dos esposas de David: Ahinoam jezreelita y Abigail, la que fue esposa de Nabal carmelita. 6 Además David estaba muy angustiado porque el pueblo hablaba de apedrearlo, porque todo el pueblo estaba amargado, cada uno por causa de sus hijos e hijas. Pero David se fortaleció en Yavé su ʼElohim.

7 David dijo al sacerdote Abiatar, hijo de Ahimelec: Tráeme el efod. Y Abiatar llevó el efod a David. 8 David consultó a Yavé: ¿Persigo a esta banda? ¿Los alcanzaré?

Y Él le respondió: Persíguelos porque de seguro la alcanzarás y sin duda los rescatarás.

9 Por tanto, David salió con los 600 hombres que estaban con él, y llegaron hasta el torrente Besor, donde se quedaron los rezagados. 10 Pero David continuó con 400 hombres, porque 200 se detuvieron porque estaban demasiado cansados para cruzar el torrente Besor.

11 Hallaron en el campo a un egipcio, a quien llevaron a David. Le dieron pan, y comió, y le dieron a beber agua. 12 Le dieron un trozo de torta de higos secos y dos racimos de uvas pasas. Y cuando él comió le volvió el aliento, porque no había comido pan ni bebido agua en tres días y tres noches.

13 David le preguntó: ¿A quién perteneces? ¿De dónde vienes?

Y él respondió: Soy un joven de Egipto, esclavo de un amalecita, y mi ʼadón me abandonó hace tres días, porque enfermé.